Hace varios siglos, unos pobladores que vivían en el centro de una pampa de hermosos pastizales. Se alimentaban de raíces de plantas que iban encontrando y de los animales que conseguían cazar cada día. Su mayor deseo era encontrar un lugar donde asentarse, pero no podían porque creían que ese lugar donde ya habitaban estaría muy escondido y no iban a poder ser vistos por los demás pobladores ya que este lugar se encontraba detrás de unas altas y escarpadas montañas, casi imposibles de atravesar.
Un día, pidieron ayuda a varios dioses y éstos, deseando prestar
ayuda a los humanos, probaron a separar las gigantescas montañas para que los
demás habitantes pudieran pasar y llegar hasta ellos. No sirvió de nada, pues
ni los dioses, utilizando toda la fuerza que tenían, lograron moverlas.
Pasó el tiempo y, estaban tan
desesperados, que suplicaron al gran dios de la tierra y de los cielos que
hiciera algo. Necesitaban un lugar para poder habitar conjuntamente con sus
familias. El dios se comprometió a echarles una mano, pues su poder era
inmenso.
A diferencia de los otros dioses,
este sería aún más poderoso y su poder para transformar las cosas era inigualable,
no quiso probar con la fuerza, sino con el ingenio. Como era un dios muy
inteligente, decidió que para que este lugar sea visible a otros pobladores
ellos debían identificarse con ellos mismos creando una cultura propia. Nadie,
ni hombres ni mujeres, ni niños ni ancianos, comprendían para qué se había
pedido esto, pero aun así decidieron hacerle caso.
Sin perder tiempo, las mujeres
empezaron a confeccionar trajes muy coloridos los cuales resaltaban su belleza
interior, mientras que los hombres se dedicaban a construir caminos para que
así mismo pudieran relacionarse con otros pueblos aledaños. Durante días y con
mucho esfuerzo, todas estas personas lograron alcanzar su objetivo pues habían
logrado sean su propia cultura. Una vez
allí, pensaron que aún les faltaba algo más, ya que tenían su cultura, pero aún
no sabían cómo se llamaría esta. Así después de tanto pensar y pensar en una
asamblea decidieron que este lugar se debería llamar Llaugueda.
A partir de entonces, los habitantes
de este lugar (Llaugeda) hicieron prevalecer y engrandecer su cultura, gracias
al arduo trabajo que realizaron pudieron alimentar a sus hijos, los cuales
crecieron sanos y fuertes. En
agradecimiento a su dios por haberles ayudado comenzaron a adorarle y a
rendirle cultos de adoración constantemente y así se convirtió en su dios más
amado para el resto de los tiempos.
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